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Las hormonas del estrés, son hormonas que segrega nuestro cuerpo ante situaciones que se perciben como amenazantes. La secreción de hormonas del estrés está controlada por el sistema límbico. Allí, se encuentra la amígdala, parte del cerebro que juega un papel muy importante en las emociones negativas como el miedo, la ansiedad y la depresión.

Principales hormonas que intervienen en el estrés

El miedo es útil en situaciones en las que nuestra vida está en riesgo y necesitamos reaccionar de manera instantánea, pues el sistema límbico genera respuestas rápidas e instintivas (de huida o ataque) lejos de la forma de pensar pausada y lenta más vinculada a las funciones superiores del neocortex; la reflexión y el pensamiento introspectivo.

sabana africanaNo obstante, si bien en la sabana africana (es decir, nuestro nicho ecológico de evolución como especie) las explosiones de adrenalina y cortisol era útiles para huir de algún peligro y garantizar la supervivencia, en las ciudades modernas de hoy -y, en general, con los modos de vida actuales-, las hormonas del estrés pueden no tener la misma función. Así, pues, miedos imaginarios propios del estilo de vida moderno pueden generar emociones y desencadenar los procesos fisiológicos propios del estrés muy dañino para nuestra salud. Entonces, es importante tener en cuenta que nuestro cuerpo está diseñado para que estas hormonas se activen solo en caso de emergencia, no durante largos periodos de tiempo. Las hormonas del estrés mantenidas en el tiempo, debilitan enormemente nuestro sistema inmunitario.

Los procesos crónicos de estrés –mismos que van en detrimento de nuestro bienestar, salud y armonía general-, han sido ampliamente estudiados por la ciencia. Bajo este orden de ideas, la adrenalina y el cortisol son las dos hormonas del estrés por antonomasia. Sin embargo, también figuran otras como la prolactina y el glucagón.

Pero, ¿por qué evitar a toda costa el estrés? ¿No necesitamos estar alertas siempre para mejorar nuestro desempeño 

embalaje estrésA veces confundimos estar alerta con estar estresados. O bien, estar preocupados con estar ocupados en algo productivo. Parece que, en ese afán por mejorar siempre el desempeño que traen consigo muchos entornos laborales competitivos, nos acostumbramos al estrés. No obstante, el estrés en realidad disminuye la concentración y puede afectar aún las funciones cognitivas en el largo plazo.

En línea general, el estrés crónico afecta las funciones de nuestro organismo. Puede deteriorar la calidad de nuestro sueño (relacionada con la salud y la calidad de vida) alterando a su vez nuestros ritmos circadianos. Asimismo, puede devenir en otras patologías médicas como la presión arterial alta, la insuficiencia cardíaca, la diabetes, la obesidad, problemas en la piel, problemas menstruales. Todas estas patologías, qué duda cabe, son suficientes para justificar y hacer necesario un cambio en los modos de vida y en los hábitos si has detectado elevados niveles de estrés en tu día a día. Y es que la mejor manera de combatir el estrés es, precisamente, cambiando los hábitos.

Pensamientos, energías y estrés

En términos generales, el estrés surge por pensar demasiado en el futuro. Dicho de otro modo, es miedo a situaciones imaginarias, las cuales, puede que sean tan improbables que jamás lleguen a ocurrir. Cuando nos sentimos incapaces de lidiar con la incertidumbre del futuro y sus contingencias bajo distintos escenarios amenazantes, nuestras energías se van drenando cuando somos presas del estrés.

Por otro lado, la capacidad del cerebro de vivir la experiencia de lo imaginado como real, hace que experimentemos emociones con respecto a las cosas que imaginamos, tal como sucede con nuestros recuerdos. Existe, pues, un hilo conductor entre nuestras emociones, nuestros pensamientos y las hormonas que segrega nuestro cerebro. Cada pensamiento atañe a un estado emocional y se asocia a un neurotransmisor. Este proceso, cabe resaltar, no es ajeno a nuestro campo energético, dado que con el estrés, nuestras energías se ven mermadas.

estrés

¿Qué podemos hacer para combatir el estrés?

Muchas veces cuando buscamos resolver problemas de estrés que nos agobian, nos olvidamos de que los miedos son irracionales y que se basan en eventos futuros incluso improbables o sin asidero. A estos efectos, no resolveremos los problemas de estrés pensando mucho, ni siquiera siendo plenamente conscientes del hecho de que aquello a lo que tememos tanto no tiene asidero en nuestra realidad. Antes bien, es muy recomendable incorporar hábitos para combatir el estrés.

Por otra parte, la actitud hacia los imprevistos es muy importante, pues si el problema futuro que nos preocupa tiene solución, podemos dividirlo en pasos para resolverlo, en tanto que si no la tiene, preocuparse por ello es un desgaste energético y emocional que terminará afectando tu organismo. A todas estas, conviene saber que hay situaciones que es mejor aceptar para dejar ir, sobre todo cuando las mismas no dependen de nosotros.

Leer también: Diferencia entre aceptación y resignación. Aceptar no es resignarse.

Así también, habida cuenta de que el estrés es en un alto porcentaje, miedo al futuro (imaginado), las terapias alternativas que nos centran en la experiencia del presente son ideales para combatir el estrés. Estas terapias comportan ante todo la incorporación de hábitos que generan bienestar general.

La meditación, el tai chi, el yoga, todas son herramientas espirituales que te permitirán ir eliminando emociones discordantes como el miedo, la ansiedad y la depresión, contribuyendo enormemente a tu bienestar, paz y felicidad. Están a tu alcance y son gratis. Asimismo, existen otras actividades como trotar o hacer caminatas conscientes que disminuyen sin duda alguna los niveles de estrés.

estrés meditación

Asimismo, la visualización -acompañada de una intención clara y emociones elevadas-, es otra técnica muy poderosa para combatir el estrés. Como se mencionó antes, el estrés y las emociones discordantes son el fruto de imaginar situaciones futuras que consideramos adversas o amenazantes, siendo que esta forma de pensar avocada al futuro incierto nos afecta emocional, biológica y energéticamente. Ahora bien, si esto sucede imaginando eventos negativos, imaginar situaciones positivas surte un efecto opuesto; incluso podemos llegar a segregar endorfinas y hormonas asociadas al bienestar. Bajo este orden de ideas, visualizar en positivo es sustituir la imaginación de eventos amenazantes construidos por nuestra imaginación, por eventos imaginados que nos generen serenidad, paz o relajación. Hacer esto, claro está, requiere de práctica y compromiso, sobre todo porque amerita vigilar la calidad de nuestros pensamientos. Sin embargo, si has llegado aquí, vas por buen camino.

Demás decir que si necesitas ayuda para disminuir tus niveles de estrés a través de terapias alternativas, no dudes en contactarme. Los primeros pasos suelen ser los más difíciles y a veces necesitamos apoyo y guía.

Finalmente, puede que los niveles de estrés y emociones discordantes como la ansiedad y la depresión hayan aumentado en el contexto de la pandemia y es bueno ser consciente de ello. A este respecto, quizás también pueda interesarte leer el siguiente artículo: Herramientas para gestionar las emociones en la pandemia.