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La solidaridad es parte de la humanidad, hemos sobrevivido como especie siendo solidarios. Desde aquellas lejanas bandas de cazadores y recolectores del paleolítico hasta hoy, la solidaridad no sólo ha sido uno de los pilares fundamentales de la supervivencia del ser humano, sino también parte de nuestras capacidades como seres sociales. El amor, la empatía y la ayuda hacia los demás son sentimientos de alta frecuencia vibratoria asociados a la solidaridad. Y es que la solidaridad es un sentimiento de vinculación hacia los otros, el cual, se yergue como una energía que vibra a una frecuencia vibratoria muy elevada. Así, pues, el amor incondicional, la empatía y la paz, sólo pueden encontrar su expresión comunitaria en la solidaridad.

solidaridad humanaEn cierta forma todos practicamos formas de solidaridad. No obstante, nuestra solidaridad normalmente involucra ser solidario con personas afines y cercanas, en tanto que para lo distinto, lo lejano, la solidaridad no siempre sale a relucir, y debe pasar por el tamiz de nuestros propios prejuicios sociales. Si bien la empatía hacia lo cercano es un mecanismo natural que nos invita a proteger a nuestro grupo próximo, una empatía más abarcadora debe necesariamente involucrar un pensamiento filosófico distinto y un conocimiento más profundo de nosotros mismos y de nuestra espiritualidad. El pensamiento holístico parece ser el llamado a esto. El pensamiento holístico es un enfoque filosófico que permite comprender a cada elemento del universo, no de manera aislada sino como una parte de un sistema más abarcador del que forma parte. Dicho de otro modo, cada elemento cobra sentido en la totalidad y nos lleva a entender lo unidos que estamos unos con otros.

solidaridadNo es raro, por cuanto resulta difícil solidarizarse por algo que no vemos sino a través de noticias e historias, alcanzar un nivel de solidaridad global e intergeneracional. Eventos como las catástrofes naturales o las guerras, pueden generarnos indiferencia, mientras los afectados no sean aquellos con quienes tenemos vínculos afectivos profundos. No obstante, en este 2020 y en lo que va de 2021 hemos sentido más que nunca nuestra conexión con la humanidad, el hecho de que los problemas del rincón más alejado del mundo también nos pueden llegar a afectar en un mundo tan globalizado. De que más allá de las barreras imaginarias que nos separan, somos una sola especie y lo que afecta a uno puede llegar a afectarnos a todos, como hemos comprobado muy claramente con la pandemia del covid 19. Quizás, hoy más que nunca, nos sentimos más conectados con nuestra humanidad, con la vulnerabilidad ante la naturaleza de la que formamos parte, naturaleza de la que en modo alguno somos amos y de la que dependemos.

La empatía parece estar, pues, tamizada por la proximidad al otro y por nuestras creencias. Cabe entonces preguntarse ¿hasta dónde llega nuestra solidaridad? ¿Los eventos actuales han profundizado la solidaridad planetaria? Yo diría que sí y que es el principio de un cambio en nuestra concepción de las creencias en relación a lo profundamente unidos que estamos y que nos están llevando a darnos cuenta de la importancia de ser solidarios aún con quienes no conocemos.

Un mundo globalizado que despierta en la solidaridad

Como se ha dicho, hoy más que nunca, los problemas nacionales son también globales. En este periodo la globalización mundial mostró su otra cara; primero, estamos estrechamente conectados con los otros habitantes de la tierra sin importar que tan distintos nos parezcan. Hay más similitudes que diferencias en tanto nos hermana la condición humana de seres sintientes. Segundo, no podemos dañar al planeta o a los otros seres que habitan en él, sin afectarnos a nosotros mismos en tanto que estamos conectados en un entramado energético, espiritual y material del que no podemos desprendernos. A este respecto, somos energía estructurada en sistemas y la solidaridad, tiende al equilibrio energético sistémico. Las tradiciones espirituales más antiguas y técnicas de sanación y bienestar parecen coincidir en este hecho.

solidaridad espiritualidad

El 2020 y el año que recién empieza, ha mostrado las costuras de nuestras vulnerabilidades como civilización, pero también nos ha invitado a adquirir un mayor grado de conciencia de nuestra conexión energética y espiritual con el todo; con los demás seres humanos y con los demás seres del planeta, lo cual ha activado en muchos la solidaridad a un mayor grado. Además, nos hemos dado cuenta que debemos ampliar esta frecuencia a nuestro planeta, formamos parte de la naturaleza y no somos sus amos, como esgrimía Descartes en sus meditaciones.

Una nueva forma de pensamiento parece entonces estar teniendo cabida. La filosofía del pensamiento catedral.

Pensamiento catedral y solidaridad: vibrando a una frecuencia trascendental

solidaridad pensamiento catedral Ante las circunstancias acaecidas recientemente, las cuales, obligan a reconfigurar y repensar el sistema mundial a los líderes mundiales, parece estar emergiendo una nueva forma de conciencia antes olvidada, el pensamiento catedral.

El pensamiento catedral es la capacidad de concebir proyectos considerando un horizonte más amplio que trasciende nuestra existencia física, proyectos sociales para el largo plazo que están involucrando un mayor grado de conciencia sobre el bienestar humano. El nombre proviene de las catedrales medievales, cuya realización podía llegar a abarcar muchos años y, además, se encontraban en constante perfeccionamiento. La gente empezaba a construir estas catedrales sabiendo que no las verían terminadas en el transcurso de sus vidas.

El pensamiento catedral comporta una forma de reconectarse con la tierra y con sus ciclos largos que atañen a los sistemas ecológicos y energéticos en los que vivimos. Es difícil concebir al pensamiento catedral despojado de la solidaridad y la empatía por las generaciones venideras. El pensamiento catedral es una expresión de solidaridad con el planeta, toda vez que involucra problemas trascendentales para la supervivencia de la humanidad: el problema ecológico, las amenazas virales producto de la depredación del medio ambiente y la sostenibilidad del sistema productivo.

Pese a la organización social propia de cada lugar geográfico, estamos inmersos en nuestra cultura y esta se encuentra incrustada indefectiblemente en un todo más abarcador, es decir, la naturaleza y el universo. Según el filósofo Roman Krznaric profesor de sociología de la Universidad de Cambridge, el pensamiento catedral es una de los grandes pilares de muchas culturas no occidentales. Contrariamente al cortoplacismo que impera en nuestras narrativas actuales, el pensamiento catedral nos invita a ser empáticos y soliadarios con las generaciones futuras, con los demás seres que habitan la tierra y a sentirnos conectados con la tierra y las energías universales.

Pensamiento catedral en distintas culturas

pensamiento catedral otras culturasEl pensamiento catedral, según Roman Krznaric, puede ser visto en muchas culturas no occidentales con una concepción del tiempo distinta, más vinculada a los ciclos naturales que a nuestros horarios laborales. La cultura maya impactó especialmente al investigador, quien advirtió su conexión especial con la naturaleza y sus energías. En palabras de Krznaric: “la conexión con el mundo vivo que encuentras en la cultura maya es realmente valiosa en medio de la cultura de consumo hiperurbano de hoy».

Problemas como el calentamiento global o las amenazas virales, parecen reclamar un retorno a esta forma de consciencia. Es una forma de pensamiento vinculada al holismo, por cuanto considera nuestra conexión con un todo mucho más abarcador y que trasciende nuestras vidas. Así, pues, los movimientos ecológicos actuales, el activismo verde y las corrientes que buscan pensar en la sostenibilidad de la producción incorporan de manera implícita al pensamiento catedral.

Activar la empatía y la solidaridad hacia las generaciones futuras parece ser una de las enseñanzas que nos está dejando esta pandemia y que nos obliga a trascender el ego, y vibrar a frecuencias más elevadas.

El pensamiento catedral no solo nos da una perspectiva filosófica distinta a la que impera en nuestro mundo estrechamente globalizado, parece oponerse a la ansiedad de los problemas que pueden estar rumiando de manera inconsciente en nuestras mentes. Miedos que radican en las regiones más primitivas de nuestro cerebro y que atentan contra nuestro bienestar y contra la posibilidad de potenciar en nosotros vibraciones de alta frecuencia como la empatía y la solidaridad.

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