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El proceso de evolución espiritual pasa de manera inexorable por el autoconocimiento. Conocerse a sí mismo es, pues, quizás la clave de la espiritualidad. Bajo este orden de ideas, los grandes maestros espirituales han pasado mucho tiempo de introspección, indagando sobre su esencia y, por consiguiente, -dado que formamos parte de un todo más abarcador, la sociedad, la especie humana, y el universo-, conociendo la esencia de la realidad y de la experiencia humana desde sus múltiples dimensiones (material, espiritual, mental y energética).

El autoconocimiento es, qué duda cabe, una actividad solitaria. Trabajar en conocerse conectando con la espiritualidad, es un trabajo interno donde comenzamos a desarrollar la tolerancia, la paz, la aceptación, el amor y la relación con los demás y con la divinidad. Además, es una de las claves de la felicidad, por cuanto permite develar nuestros potenciales fundamentales; aquellas propios de nuestra esencia.

El autoconocimiento y el ego

soledad y autoconocimientoComo seres sociales, tenemos la capacidad de vernos a través de los ojos de otros. El reconocimiento es, pues, una forma de vernos desde afuera. Así pues, la conciencia se expresa dejando su impronta en los demás, quienes nos reconocen. No obstante, dicho reconocimiento, frecuentemente, está revestido de necesidades culturalmente impuestas y, suele suceder, que muchas veces perdemos contacto con nuestras necesidades más profundas al estar centrados en el reconocimiento, buscando la valoración y aprobación constante desde fuera. De este modo, vivir para afuera nos aleja de nuestra interioridad y enaltece el ego, es decir, ese personaje con el cual interactuamos con los otros como si se tratase de una puesta en escena.

Las trampas del ego

La palabra personalidad, en efecto, deriva del latín “personam”, siendo la palabra que designaba a la máscara con que cubrían su rostro los actores durante las representaciones dramáticas. Bajo este orden de ideas, vivir solo para afuera puede semejar a que un actor se confunda totalmente con su personaje. En efecto, desempeñamos distintos roles sociales en nuestra vida diaria y a lo largo de nuestra historia personal. La idea es ser conscientes de que desempeñamos esos roles o papeles, pero no creernos que somos ese personaje totalmente conectado con los egos. Es importante ser conscientes de que somos en esencia el ser espiritual desarrollando un papel en este mundo físico.

Pero ¿quiénes somos cuándo estamos solo con nuestros pensamientos? ¿Somos lo que dicen y piensan los demás de nosotros?. ¿Nuestro valor personal depende de la percepción que tienen los demás de nuestra persona? Es a través de estas preguntas que, quizás, puede empezar para muchos el proceso de autoconocimiento.

¿Por qué es necesario el autoconocimiento?

El autoconocimiento atañe, entonces, a una búsqueda interior, tratando de alejarse de los condicionamientos internos. Mirar hacia nuestro interior quizás resulte extraño e incómodo, puesto que nuestra sociedad siempre nos impulsa a vivir hacia afuera, bajo la creencia de que la felicidad depende exclusivamente del exterior y sus contingencias y vaivenes. No obstante, el autoconocimiento permite alcanzar fuentes de felicidad, paz y armonía interior que no dependen de las circunstancias externas ni de otras personas; emanan de nuestro ser e irradian hacia nuestro entorno.

Quien aún no se conoce a sí mismo o se conoce muy poco, vive bajo el velo de la ignorancia sobre sus propias necesidades profundas y de su esencia. Muy lejos de la autonomía y de la libertad que comporta el autoconocimiento, se encuentra, pues, la excesiva necesidad de validación exterior. Pero ¿no es acaso normal que busquemos como seres sociales reconocimiento? Ciertamente, buscar reconocimiento es parte de los procesos de intercambio de valores sociales y de la convivencia en sociedad.

No obstante, lo más común es que nos olvidemos de nuestra propia interioridad, en tanto el reconocimiento social es una constante que se expresa en todos los códigos de valoración social y que se nos recuerda con frecuencia, muchas veces como fin ulterior de la existencia; ser valorados por la posesión de bienes, por ayudar a otros, o por tener fama en algún deporte, arte o ciencia, etc. Cada sociedad, de hecho, determinará si se valoran más elementos pro-sociales, o si, por el contrario, la valoración personal y el reconocimiento pasa por acciones más mezquinas como, por ejemplo, la mera acumulación de riqueza sin más razón que la de hacer crecer el patrimonio personal.

Lo histórico y lo universal de nuestra consciencia

autoconocimiento y bienestarNuestra realidad cultural es una construcción social que cambia y ha cambiado según el momento histórico. En cambio, la conciencia humana -esa experiencia del estar como observador desapegado con nuestro ser interior-, es universal; si bien está atravesada por el lenguaje, los valores y las impresiones de cada época. Bajo este orden de ideas, René Descartes y muchos otros filósofos, han reflexionado sobre la naturaleza de la realidad y la conciencia, llegando a dudar de todo lo que consideramos real menos de la conciencia como hecho y fenómeno irrefutable. Conocerse a sí mismo, comporta entonces adentrarse en nuestra propia conciencia en un proceso continuo de crecimiento espiritual.

Autoconocimiento y progreso espiritual

El autoconocimiento involucra indefectiblemente un proceso de progreso y evolución espiritual, por cuanto conocerse así mismo es, también, conocer a los demás y conocer al todo universal del que formamos parte. Desarrollar la conciencia comporta entonces un proceso de introspección conducente a elevar nuestra frecuencia vibratoria y nuestras energías y, por lo tanto, nos dirige hacia una constante observación de la calidad de nuestros pensamientos.

Una forma de conocer verdades profundas sobre la existencia adentrándonos en nuestra propia conciencia. Buscar adentro de nosotros mismos en lugar de afuera requiere de un modo de ver las cosas distinto, y también, de la ayuda de algunas prácticas que durante milenios han promovido el bienestar de aquellos que las han seguido con asiduidad.

¿Cómo promover el autoconocimiento?

técnicas de autoconocimientoExisten técnicas especiales para promover el autoconocimiento, muchas de ellas seguidas por los grandes maestros espirituales de la humanidad. Una de ellas, me atrevería a afirmar que la que más nos puede ayudar, es la meditación en cualquiera de sus formas. Meditar, además reporta muchísimos beneficios para nuestro bienestar de sobra comprobados por la ciencia moderna. Asimismo, la reflexión en soledad y el cuestionamiento de todo cuanto parezca del sentido común pero que nos genere ruido, es también una forma de desarrollar la conciencia.
Una condición necesaria para el desarrollo de la autoconciencia es aprender de la soledad, saber sacar provecho de esta experiencia. Es decir, debemos aprender a estar con nosotros mismos el tiempo que necesitemos sin temer a la experiencia de la soledad. Quizás te interese leer el siguiente artículo que indaga sobre este tema dando clic en el siguiente enlace: Disfruta de la soledad, aprende de ella

Equilibrio,  introspección y  proyección

autoconocimiento e introspecciónAl final de cuentas, cuando comienzas un camino de autoconocimiento, reconoces el progreso espiritual porque vas haciendo de ese desarrollo de tu espiritualidad un estilo de vida. Ya que aprendiendo a conocernos y a tener una mejor relación con nosotros mismos, de forma natural mejoramos la relación con los demás. Todos somos seres espirituales y en nuestra esencia, somos pacíficos y amorosos. La forma de reconocer esa esencia es, como hemos dicho, no estar únicamente proyectados con el mundo exterior, antes bien, conectar con el interior y desde ahí, vivir las situaciones del día a día. Así pues, desde esa energía de calma y paz con la que hemos conectado a través de prácticas como, por ejemplo, la meditación y el yoga, dejar fluir esa energía universal que todos tenemos dentro.

Cabe siempre recordar que es la forma en que vivimos las situaciones, lo que hace que las vivamos diferente, desde la calma y la aceptación o desde la rabia, la angustia y la tristeza.

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